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Ciro Murayama (ver curriculum)

Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Editor de la revista Nexos. Especialista en financiamiento al sistema de partidos. Es colaborador del diario La Crónica de Hoy

 

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(Ver Gaceta UNAM  27/10/2008)

Peso fuerte, ¿economía fuerte?

Ciro Murayama

La Crónica de Hoy, 15/10/2010

En la memoria colectiva las devaluaciones de nuestra moneda suelen tener reminiscencias de pesadillas: la caída en el valor del peso se tradujo en episodios inflacionarios que terminaron por afectar el poder de compra de los salarios y los ingresos, en pérdida de ahorros. Devaluación es un vocablo que despierta pánico.

Pero una cosa es que las devaluaciones abruptas del peso hayan tenido consecuencias indeseables en determinados contextos y momentos económicos, y otra distinta es que per se un peso fuerte o sobrevaluado sea portador de buenas nuevas, o no al menos para la mayoría de la población y del tejido productivo nacional. Para hacer una metáfora: el miedo a las inundaciones no nos puede hacer añorar la sequía.

¿Cuál es el problema con un peso fuerte? Que entorpece las exportaciones y favorece las importaciones, que nos hace una economía con problemas para vender sus productos en el exterior y, en cambio, abarata la compra de productos extranjeros afectando a nuestros productores nacionales. Es decir, un peso fuerte debe leerse de manera distinta desde el punto de vista del consumidor y del  productor: si uno es consumidor de bienes importados, deseará un peso fuerte, pues menos pesos alcanzan para comprar más cosas en dólares. (A los turistas mexicanos que van a Houston les beneficia un peso que se aprecia y les abarata el “shoppingâ€). En cambio, si uno es un productor mexicano de bienes industriales, por ejemplo de calzado, que suba el peso hace que se encarezcan los zapatos que se quiere vender en el exterior, que pierdan competitividad frente a los hechos en otros países y que, adicionalmente, en México también se obtenga una desventaja sobre los zapatos importados que, por la mera operación cambiaria, se abaratan cuando sube el peso.

Nuestro país está viviendo en los últimos meses un problema con su moneda, pero distinto al que suele generar temores, y es el de la sobrevaluación.

El pasado miércoles, nuestra moneda ganó casi medio punto porcentual (0.49%) frente al dólar estadounidense y acumula una apreciación de 2% sólo en una semana. Si se toman los datos de la cotización peso-dólar que publica el Banco de México, se puede comprobar que el peso es más fuerte en cinco por ciento respecto al mes pasado, que vale 10% más que en abril de 2009 y más de 20% por arriba de lo que llegó a cotizar en marzo del año pasado. Esto quiere decir que los productos mexicanos en el exterior tienen un sobreprecio del 20% frente a lo que costaban en marzo de 2009 y que, en cambio, los productos extranjeros sean ahora un 20% más barato en nuestro territorio.

Si nuestro problema es de crecimiento y de empleo, sólo a través de aumentar la demanda hacia nuestros productos, tanto en México como en el extranjero, se podrán generar más ventas y planes de inversión, así como más puestos de trabajo. Uno de los instrumentos para promover el crecimiento se ubica en la política monetaria y, en especial, en el tipo de cambio. El instrumento, viejo y conocido en el mundo entero, consiste en las “devaluaciones competitivasâ€: si deprecias tu moneda, incrementas tus ventas en el exterior y aminoras tus importaciones, así tu ingreso no se traslada al exterior sino que beneficia a los productores y trabajadores locales.

Estas semanas la prensa internacional se ocupa de la “guerra de divisasâ€, título que hace alusión a las estrategias de importantes países –Estados Unidos y Japón, por ejemplo- para impulsar su crecimiento a través de la depreciación de sus monedas. Un reclamo generalizado a China, en este terreno, es que ha mantenido artificialmente baja su moneda, con lo cual sus productos conquistan mercados en todo el orbe afectando al resto de las naciones. La carrera es por tener monedas depreciadas que hagan competitivas a las economías en estos tiempos de crecimiento inestable y bajo.

En México vamos en sentido contrario. Las autoridades económicas están desplegando una política que, deliberadamente, aumenta el valor del peso. La estrategia de acumulación de reservas en el Banco Central, y el diferencial de tipos de interés respecto a los Estados Unidos estimulan la sobrevaluación de la moneda. De acuerdo a una nota de El Universal (14-10-10) “el tipo de cambio peso-dólar siguió fortaleciéndose en las operaciones ayer, debido a la continua entrada de flujos externos al mercado mexicano, derivados básicamente del ánimo que existe entre los inversionistas por la perspectiva de que la Reserva Federal (Fed) bajará más la tasa de interés de referencia en los próximos meses del año.†Es decir, mientras los Estados Unidos siguen una política expansiva de su producción, nosotros hacemos lo contrario con una política de promoción de las importaciones. Ello, a pesar de que ha aumentado nuestro déficit comercial por el bajo dinamismo exportador.

¿A qué se debe esta singular estrategia de las autoridades monetarias mexicanas? Una respuesta puede encontrarse en el hecho de que nuestra banca central, a diferencia de la Reserva Federal, no tiene el mandato legal de velar por el crecimiento económico y el empleo a la vez que de cuidar los riesgos inflacionarios, sino sólo esto último, lo que daría lugar a la política vigente de sobrevaluación del peso. Pero se puede aventurar otra respuesta, basada en un hecho duro: el jueves la bolsa mexicana de valores alcanzó su máximo histórico. Es decir, la política del sobrevaluación está produciendo ganadores, con dividendos constantes y sonantes en magnitudes considerables. Eso sí, los ganadores están en el sector financiero, no en la producción ni en el empleo.


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